El acuerdo establece que el 70% de las exportaciones agroindustriales del bloque sudamericano obtienen eliminación inmediata de aranceles. Entre los beneficiados directos: legumbres secas (alubias, garbanzos, arvejas), aceites vegetales de uso industrial (soja, girasol, maíz), harinas —incluidas harinas especiales como la de trigo, cúrcuma y jengibre— y múltiples categorías de alimentos envasados.
Para los importadores de vinos, la desgravación es progresiva: los vinos fraccionados con denominación de origen tienen un plazo de liberalización de ocho años, lo que abre una ventana de precios interesante para distribuidores que quieran construir posición en el segmento Malbec y variedades premium sudamericanas antes de la normalización arancelaria. El arroz partido, las harinas especiales y los cereales para nutrición animal también entran en la categoría de desgravación parcial entre cuatro y diez años.


